Comunicación en la Pareja
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Resilencia Familiar
Armando Duarte

COMUNICACIÓN EN LA PAREJA

La comunicación es como un termómetro, mide la temperatura de la relación conyugal y termina por revelar si el matrimonio está sano u enfermo.


La relación en pareja, sobre todo en el matrimonio, es como un organismo vivo: necesita ser bien alimentado para que crezca sano y fuerte. Pero también tiende a deteriorarse, desnutrirse y enfermarse si no se le dan los cuidados necesarios.

La comunicación es uno de los alimentos fundamentales para que la dinámica de pareja se desarrolle positivamente y por lo tanto, para que la relación sea considerada buena y satisfactoria.


Pensemos en la comunicación como un termómetro, como instrumento para medir la temperatura de tu relación: si la comunicación es pobre y superficial, la relación de pareja será fría y distante. Por el contrario si tu comunicación es abundante y profunda, se reflejará de manera palpable en la felicidad conyugal, en el calor de hogar.


Y entonces, si la comunicación dentro del matrimonio se reduce y empobrece, será siempre síntoma de dificultades y tensiones que aumenta la probabilidad de divorcio.


Javier y María creían tener una “buena comunicación” pues ambos se encargaban frecuentemente de decirse “sus cosas”: lo que no les parecía, lo que no se ha cumplido y lo que detestaban del otro, con el fin de ser claros; sin embargo, vivían peleando y discutiendo, al borde de faltarse al respeto. “Yo creí que decir las cosas así… con franqueza, sin rodeos, era importante para estar bien comunicados. Y, sí, es importante decir las cosas con las que uno no está de acuerdo, pero al final uno se da cuenta que logra desahogarse, a veces hasta desquitarse pero al final quedamos igual o peor que antes, parece que la relación se complica cada día más y uno termina por fastidiarse, ¿Qué sentido tiene comunicarse así?:” cuestiona María, después de haber acudido a una conferencia sobre la comunicación en el matrimonio.


La comunicación va más allá de las palabras; comunicar es compartirte mi ser, mi pensar, mi sentir, mis sueños y mis sufrimientos. La comunicación envuelve todo tu ser y es una forma de unirse en pareja tan profundamente que los lazos de amor se estrechan. Así, comunicándonos, tú vives en mi y yo vivo en ti.


Para que el termómetro de la relación marque en el nivel óptimo de “Calor de Hogar” es necesario compartirle a nuestra pareja lo que somos, lo que llevamos en nuestro interior; hablar de lo cotidiano, de lo sencillo, de la casa y del trabajo, pero con ánimo de abrir el corazón, de ser uno mismo.


Cuando la comunicación en pareja es sana, termina por unirnos más; cuando nos separa, nos hace ver como enemigos y genera sentimientos negativos es porque algo anda mal y quizá sea necesario buscar consejo profesional. Comunicarnos ayudará a estar unidos por algo en común: nuestro amor, nuestro proyecto de vida, nuestra felicidad. Comunicarse es lograr acuerdos, ser aliados, construir nuestro destino juntos, forjar una familia unida en medio de las dificultades cotidianas.


Vivir así parece difícil, podría serlo, pero es factible, es posible y este es el primer “acuerdo común” que debe unir a una pareja: ¿es posible vivir una relación matrimonial satisfactoria?, es posible si tomamos en cuenta los siguientes acuerdos antes de discutir algún tema o tomar una decisión:


  • Ser amigos y no rivales: Aunque es bien sabido que siempre hay diferencias y discrepancias en el matrimonio, ya sea por la personalidad de cada uno, por las diferentes formas de apreciar la vida o bien por nuestras historias familiares tan diferentes, es importante que no se vean como enemigos: “mi esposa siempre me lleva la contraria”, “él sólo quiere molestarme y fastidiar mis planes”, “ella no pierde oportunidad para recordarme mis errores”, “él sabe muy bien lo que tanto me hiere y lo sigue haciendo” estos y más son ejemplos de una comunicación que puede tornarse destructiva. En estos casos, en vez de sentirse unidos se sienten cada uno en una “esquina del ring” listos para pelear; cualquier conflicto por más simple y hasta “tonto” hará “sonar la campana”.
    Hay que empezar por quitarse los guantes de box y ojo, no esperes a que primero se los quite tu pareja, quítatelos tú primero, háblale de tu amor, deja afuera las posibles “defensas”, abre el corazón y hablen con sinceridad de los sentimientos más profundos, de la necesidad de tener un acuerdo de no agresión, de no burlase de lo que el otro siente o piense. Y al final el objetivo tendrá que ser siempre: lograr un acuerdo que beneficie a ambos como matrimonio y no sólo a uno.

  • Matrimonios ganadores: Cuando en la relación conyugal uno de los dos gana, los dos pierden. La lógica del amor esponsal implica construir siempre una relación más unida y profunda. Que una persona gane implica que la otra pierde y eso no es amor. Parece ser este un conflicto muy común cuando una pareja intenta modificar alguna conducta o situación. Querer tener la razón puede ser un vicio destructor de muchas parejas que en su inicio eran sanas. Quien gana se siente importante, inteligente… quien pierde: humillado, tonto. Y efectivamente puede ser que en muchas ocasiones haya una razón importante por la cual “luchar” y que valga la pena por el bien de la pareja, siempre y cuando la forma de “luchar” no lesione la autoestima, no llegue a humillar y generar resentimientos hacia la pareja. En este caso habrá que poner sobre acuerdo, antes de iniciar la discusión, que el objetivo de ésta, sea siempre la de encontrar la respuesta más adecuada sin importar “quien lo dijo primero o mejor”. Ya no luchemos uno contra el otro, luchemos juntos por nuestra pareja, por nuestra familia.

  • Tiempo para la comunicación: esto es, no solamente escuchar, sino dejar toda otra actividad o pensamiento que no tenga que ver con la comunicación del momento y centrarse de lleno en la persona, en lo que nos trata de decir “entre líneas”, lo que trata de comunicarnos no sólo con las palabras sino con la mirada, con los gestos, con los sentimientos que acompañan dichas palabras. Escuchemos con los ojos, hablemos con las manos, besemos con el corazón. Es importante saber identificar el momento más adecuado para abordar el tema y si el presente no lo es (quizá por cansancio, por estrés laboral, por saturación emocional, por estar presentes los hijos), hay que definir qué día y hora nos vamos a sentar a profundizar en el tema: en una atmósfera adecuada, sin límite de tiempo. Cuando nos damos tiempo para dialogar, estamos dando tiempo para el amor. Darnos tiempo es amarnos inteligentemente.

  • Dar vuelta a la página antes de tiempo. Evadir los problemas es otro de los errores más comunes que afectan a las parejas y que deteriora lentamente la comunicación y merma el amor conyugal. Una pareja que no discute, que no tiene diferencias: no es normal… puedes estar evadiendo conflictos, con tal de “llevar la fiesta en paz”, pero lo único que estás logrando es “cubrir esas grietas que tarde o temprano terminarán por derrumbar tu hogar”. Es mejor enfrentarlo y sanar las heridas a tiempo, antes de que sea demasiado tarde, antes de que la relación se congele.

  • Aceptar con humildad los propios errores: La humildad es una virtud sumamente importante cuando se trata de comunicarse y sobre todo de llegar a acuerdos. Todos podemos equivocarnos y esto no nos convierte en malas personas. Además, los que se equivocan y con humildad aceptan sus errores tienen una enorme ventaja sobre los que “nunca se equivocan”: son más sensibles y comprensivos con las imperfecciones ajenas, tienden a perdonarse a ellos mismos y a los demás y sobre todo a vivir en paz.

En una discusión conyugal, es básico antes de ver los errores de nuestro cónyuge miremos siempre los propios para dar un buen inicio y un buen fin a cualquier comunicación. Con humildad es mucho más sencillo lograr acuerdos incluyentes. Desde la humildad aprenderemos que la vida conyugal implica caminar y levantarse cuando hemos caído. Con humildad daremos un hermoso testimonio de vida conyugal a nuestros hijos, pues a pesar de que nos vean discutiendo sabrán que el amor es más fuerte.


¿Y cómo está la temperatura de tu relación?

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