Los hijos aprenden todo lo que ven. Son como una grabadora que nunca se detiene, todo va quedando registrado en su interior.


De ahí la importancia de reflexionar como papás ¿qué les estamos enseñando a nuestros hijos de la relación en pareja?, debemos ocuparnos de lo que voluntariamente les enseñamos, pero más todavía de lo que involuntariamente van aprendiendo al observarnos.


De los papás aprenden la forma en cómo se tratan como pareja, cómo resuelven sus problemas, cómo toman acuerdos y decisiones. Los hijos están aprendiendo de sus papás si se tratan con ternura y respeto; ellos observan las discusiones, se dan cuenta si como pareja aceptan lo que el otro siente, piensa y opina; de los papás aprenden que en medio de las diferencias personales, al final sí es posible ponerse de acuerdo.


Poco a poco los hijos saben qué esperar de los papás, ya saben cómo son y cómo reaccionan ante ciertas circunstancias. Los niños son sumamente inteligentes. “Papás, estoy aprendiendo permanentemente de ustedes” podríamos leer detrás de esos ojitos que nos miran con ternura.


Los adultos somos un modelo de vida para los hijos. De una u otra forma, los hijos van aprendiendo a ser como sus familiares. En el calor del hogar, los hijos aprenden a amar y ser amados, van desarrollando criterios y convicciones que los guiarán en sus decisiones; aprenden a ser libres; ahí se cultivan las actitudes que les ayudarán a dar lo mejor de sí mismos en todas las facetas de su vida.


Lo que bien se aprende nunca se olvida. Tanto lo bueno, como lo malo parece que se quedará registrado en la mente de los hijos. ¿Qué anhela una madre, un padre para sus hijos sino lo mejor de lo mejor? De manera ordinaria nos esforzamos por darles la mejor alimentación, el mejor colegio, la ropa más adecuada, la mejor atención en el hogar, pero y nosotros como papás ¿estamos dando lo mejor?


En el día a día las tareas del hogar, el estrés del trabajo, los traslados de un lugar a otro y la sensación de que el tiempo no alcanza, nos hace darnos cuenta de que somos débiles, de que nos equivocamos, tenemos dudas, no somos perfectos. Estamos llamados a dar lo mejor de nosotros mismos a partir de nuestras limitaciones. Si los hijos observan en los papás esa lucha permanente por dar lo mejor a pesar de que están cansados, saturados y a veces hasta desesperados, estarán aprendiendo una gran lección de vida: nuestros papás están unidos y esforzándose.


¿Qué aprenden los hijos de la relación de sus padres? Todo, lo aprenden todo porque están observando ¡son niños! Somos su ejemplo a seguir.


Papás, ustedes son mis maestros. Por favor den lo mejor de ustedes mismos, porque mi futuro está íntimamente relacionado con el presente de ustedes. Papás, ámense mucho y así, yo aprenderé a amar.

En este libro hay esperanza. Encontrarás una guía práctica para construir una familia fuerte. Con textos sencillos y atractivos, con un diseño colorido y amigable descubrirás que las familias fuertes no nacen, se hacen.
La tecnología no es mala, internet tampoco lo es, mucho menos nuestros hijos son los perversos. Es cuestión de enfoque. La tenoclogía está a nuestra disposición y nos servirá para aquello que queramos usarla.
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