La Inteligencia Emocional se puede desarrollar en la infancia, pero también siendo adulto si se ponen en práctica las competencias de Autoconocimiento, Autocontrol, Empatía, Automotivación y Trato Social.


Desarrollar la inteligencia emocional en los niños y adolescentes es una de las tareas más importantes que tienen los papás. Esta “habilidad suave”, como ha sido calificada, permite que los hijos controlen la ira, respeten los sentimientos de los demás, resuelvan conflictos y encuentren motivación para ellos mismos y para dársela a los demás.


La incapacidad de manejar las emociones y la dificultad para interactuar eficazmente con otros suele derivar en conflictos que no se resuelven y se tornan repetitivos. En cualquier edad, la falta de inteligencia emocional nos va orillando a vivir en medio de problemas interpersonales y a tener una productividad reducida.


Es común que en el ámbito laboral una persona es contratada por sus aptitudes y al paso del tiempo despedida por sus actitudes. También encontramos que en el ámbito familiar los principales problemas se relacionan con detallitos de nuestra forma de ser y reaccionar; para algunas personas, son las pequeñas actitudes las que le hacen valorar como insoportable la vida cotidiana. Vivir en medio de emociones negativas complica nuestra existencia y hasta pone en riesgo la salud física.


Los formadores –papás y maestros- debemos ocuparnos de la «persona completa», no sólo de la razón. Cuando el objetivo es formar para la vida y no para “pasar el año”, el aprendizaje debe abrazar los sentimientos de los alumnos al igual que sus pensamientos.


Las nuevas generaciones se encontrarán el día de mañana con trabajos cada vez más complejos, que requerirán de personas emocionalmente inteligentes, capaces de integrarse en equipos de colaboración que se caractericen por su buena comunicación y enfocados a resolver problemas.


El reto es grande si consideramos que los planes de estudios de casi todas las escuelas se enfocan a que los alumnos adquieran conocimientos teóricos y técnicos, usando principalmente la memorización, repetición y en ciertos casos la investigación, para terminar en la evaluación de conocimientos mediante evidencias, exámenes escritos y orales, con el fin de lograr obtener un certificado que permita acceder al siguiente grado, así hasta llegar a la universidad donde se espera desarrollar habilidades profesionales que permitan acceder a oportunidades laborales.


En nuestro entorno actual ¿Quién educa de manera sistemática en el desarrollo de la Inteligencia Emocional? ¿Debemos seguir considerando la educación emocional como algo de poca importancia a pesar de que ante nuestros ojos tenemos las historias de tantos alumnos que sufren de Bullying, hermanos que se agreden seriamente dentro del hogar o matrimonios que se separan porque sus emociones se han tornado tóxicas?


Hablar el lenguaje de los sentimientos es una tarea que se asemeja a la de aprender un nuevo idioma; con el cual, luego de que lo dominamos, descubrimos que somos más competentes que antes, cuando éramos analfabetas.


Los niños y adolescentes tienen en los adultos sus modelos a imitar. De ahí la importancia de que reflexionemos en nuestro propio nivel de Inteligencia Emocional. ¿Cómo desarrollar la Inteligencia Emocional en mis hijos, cuando yo ni siquiera me conozco bien y menos aún logro superar los ataques emocionales que a veces me llevan a estallar y a perder el control? Cuando nos dominan las emociones, querámoslo o no, la inteligencia tiene poco poder.


Se ha llegado a comparar a las escuelas con un barco transatlántico, que por su gran tamaño y peso, le lleva mucho tiempo cambiar la dirección; por eso es que conviene más pensar que es en la familia donde podemos dar un viraje rápido hacia una formación que atienda a la «persona completa». Tanto la escuela como la familia pueden formar en la Inteligencia Emocional, pero es la familia quien puede llegar más a fondo porque el vínculo que nos une además de racional, es emocional y sobretodo espiritual.


La inteligencia emocional se conforma de múltiples elementos. Aquí presentamos 5 de ellos:


En este libro hay esperanza. Encontrarás una guía práctica para construir una familia fuerte. Con textos sencillos y atractivos, con un diseño colorido y amigable descubrirás que las familias fuertes no nacen, se hacen.
La tecnología no es mala, internet tampoco lo es, mucho menos nuestros hijos son los perversos. Es cuestión de enfoque. La tenoclogía está a nuestra disposición y nos servirá para aquello que queramos usarla.
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