Cuando unas personas se hunden ante los problemas, otras se ponen de pié y resultan fortalecidas, confirmando con ello que el espíritu humano es capaz de sobreponerse ante las adversidades.


Un comentarista deportivo decía que el ejemplo que nos dan los atletas paralímpicos a todos los mexicanos es incuestionable: saben dar resultados positivos a pesar de las adversidades. Es digno de admirar su determinación y espíritu inquebrantable. Tenemos mucho por aprender de ellos, decía el locutor.


Para muchos el observar a una persona con alguna capacidad diferente era motivo de ternura y para otros hasta de lástima, pero para muchos los tiempos han cambiado, no por obra de magia, sino porque ellos han sacado la fortaleza de su espíritu y están ocupando lugares en el medallero, pero también en las empresas, en el gobierno o en sus propios negocios.


¿A qué se deberá que unas personas sean capaces de afrontar las adversidades del mundo cotidiano sin perder vitalidad? ¿Qué pasará con aquellos que se doblan fácilmente ante los obstáculos? ¿Por qué algunos matrimonios sí son capaces de hacer frente a las adversidades de la vida y otros no? ¿Por qué unas personas ante los acontecimientos de gran adversidad se vuelven más fuertes?


La diferencia entre unos y otros es la vivencia de la resiliencia. Este concepto se refiere a la capacidad de sobreponerse ante situaciones de gran adversidad, es la capacidad de afrontar los obstáculos saliendo fortalecido.


Ser resiliente no es cuestión de ser resistente en cuanto a dureza, pues se requiere también de flexibilidad ante la vida. La resiliencia es útil para proteger la propia integridad al estar bajo presión, pero sobretodo se refiere a un comportamiento vital positivo, donde a pesar de las circunstancias adversas la persona sigue en pie, viviendo con entusiasmo su existencia. De ahí que las personas más resilientes tienen mayor equilibrio emocional frente a las situaciones de estrés, manejan mejor la tensión.



¿Será que en la vida conyugal y familiar hay situaciones que generan tensión?

Claro que sí las hay; a veces pareciera que vivimos sometidos a más situaciones estresantes de lo que podemos sobrellevar para vivir con bienestar y felicidad. Por ejemplo: enfermedad de un hijo o de un pariente cercano, problemas de rendimiento escolar por parte de los hijos, bullying escolar, cambiar o perder el empleo, cambios importantes a nivel económico, discusiones con la pareja o con los hijos, cuando la pareja comienza o deja de trabajar, cambio de residencia, cambio a una escuela nueva, extorsión, privación de la libertad, entre otros.


De todas las situaciones mencionadas podemos encontrar un patrón común: quien lo está viviendo experimenta esa situación como adversa, no grata y quisiera que no existiera. Su persona toda se pone a prueba para resurgir de la adversidad, adaptarse, recuperarse y dar paso a una vida significativa y productiva. La resiliencia es una fortaleza que se desarrolla a partir de la adversidad. Por ello cuando una persona vive tan protegida por su familia no desarrolla su resiliencia, pues no le han dado la oportunidad de afrontar la vida de forma completa, le privaron de sufrir cuando el sufrimiento lleva dentro la semilla de una persona más competente. La exposición gradual ante la adversidad ayuda a madurar.


El hogar es el lugar idóneo para desarrollar la resiliencia. Los papás son los maestros para sus hijos. Por ello conviene que los esposos estén convencidos de ser capaces de superar los obstáculos de manera exitosa sin pensar en la derrota, a pesar de que algunas cosas estén en contra. Nada más educativo que ver a los papás afrontar las adversidades, superarlas y salir fortalecidos como matrimonio.



¿La resiliencia es un don que recibieron unos cuantos afortunados?

La respuesta es un rotundo ¡No!. Todos podemos ser resilientes. El reto consiste en dar con la forma adecuada de promoverla en cada persona.


La resiliencia se desarrolla en la familia cuando:

En este libro hay esperanza. Encontrarás una guía práctica para construir una familia fuerte. Con textos sencillos y atractivos, con un diseño colorido y amigable descubrirás que las familias fuertes no nacen, se hacen.
La tecnología no es mala, internet tampoco lo es, mucho menos nuestros hijos son los perversos. Es cuestión de enfoque. La tenoclogía está a nuestra disposición y nos servirá para aquello que queramos usarla.

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